Carta de un niño al coronavirus

Querido señor coronavirus.

A usted, que es el que manda en el mundo  en este nuevo tiempo; le escribo, principalmente para agradecerle.

Según las nuevas medidas tomadas acertadamente por los gobiernos, se ha decretado que mi mamá y mi papá estén todo el tiempo conmigo en casa, en esta etapa del desarrollo en que tanto los necesito, y la verdad, es que ya ni los veía.

Extraño a mis amigos del colegio, pero debo confesarle que me gusta saber que hoy no tengo que levantarme, simplemente me despierto cuando termino de dormir, y mi uniforme es suavecito ahora, y a veces tiene un estampado de mi total preferencia.

Comemos siempre juntos, y lo mismo, y a la misma hora. Tengo que admitir que almorzar solo en el comedor era a veces triste.

Hablan mal de usted, y con razón, me enteré que enferma a las personas y les quita a veces el trabajo. Eso no está nada bien, usted que es tan grande debería saberlo.

Estoy un poco confundido además, ¿quién no lo está en estos tiempos?. Antes mis papás se quejaban por tener que abandonar la casa tan temprano cada día, pero ahora que están aquí los veo tristes, deberían estar felices, era lo que más deseaban cada día antes de que usted llegara.

Aprendí a desarrollar cierto gusto por los carros pequeños, los míos, que no tienen que llegar diez minutos antes de la hora acordada al lugar pactado por respeto a los demás apretándome en la silla de atrás amarrado con el cinturón de seguridad, son ciertamente más entretenidos. Nunca salen sabiendo a dónde van,  viajan a toda velocidad logrando saltos imposibles y se mueven por montañas de cobija formadas por la posición de mis papás en la cama los sábados, son carreteras difíciles, a veces incluso se mueven, pero las carreteras más fáciles nunca han sido las más entretenidas.

Para terminar, quisiera pedirle primero, de la manera más amable e ingenua, que desaparezca mágicamente así como apareció. Ya hizo suficiente daño. Y segundo. Si no es mucho pedir, ¿podría usted irse pero dejar todo lo demás como está?.

Sinceramente.

Yo.

De: Ricardo Mendoza. Dedicado a: Damián y a todos los padres.

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