Don burbujas

Este cuento no es como otros cuentos.
No pasó hace mucho tiempo ni en un lugar muy muy lejano.

Todo comenzó hace algunos meses en una gran ciudad. Nació un ser pequeñísimo, tan pequeño que no podías ni verlo con los ojos. Don Covidio era su nombre.

Covidio vivía entre la suciedad, le gustaba pasear por la basura. Siempre estaba solo y nadie quería ser su amigo. Todos lo veían con desprecio y pensaban que era tan insignificante como un granito de arena.

Pero estaban equivocados. Don Covidio era un virus muy malo que quería que todos fueran tan infelices como él.

Un día, su maldad fue tanta que empezó a crecer sin control. Comenzó a contagiar a las personas en un pequeño mercado, siguió enfermando a todo un país, luego a todo un continente…¡hasta que llegó a todo el mundo! Todos tenían mucho miedo de salir de sus casas. Todos, menos Don Burbujas.

Don Burbujas era inventor y preocupado por su familia, decidió crear un antídoto. Para saber si funcionaba, debía probarlo frente a frente contra el mismísimo Covidio.

Armado de valor, salió a la calle y se paró justo enfrente. Empezó a frotarse las manos con un líquido transparente (que olía muy rico, por cierto) y muchas bolitas cristalinas se empezaron a multiplicar sobre Don Covidio. Poco a poco lo fueron haciendo más y más chiquito, hasta que regresó a su tamaño original.

Don Burbujas se dio cuenta que lo había vencido y le dio el secreto a todo el mundo para que pudieran proteger a sus familias, a todos los hermanos, papás, tíos y abuelitos.

Y colorín colocado, este cuento no se ha acabo (aún).

Si algún día llega Don Covidio a visitarlos, recuerda lavarte las manos con el antídoto especial: agua y jabón.

De: Mónica Guttelewitz. Dedicado a: Victoria y Mateo

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