La mascarilla mágica

Hace mucho tiempo, existía muy lejos de aquí un pueblo llamado Virulandia.  Este pueblo era muy oscuro, siempre hacía frío y la gente siempre era triste y se enfermaba mucho. No existía la música y las horas de la luz del sol eran muy escasas. 

En Virulandia vívia Arturo, un niño muy intrépido y aventurero. Un día, a plena tarde y salió a explorar el bosque que tenían cerca de casa.  Su mamá le había advertido de no ir allí, pues se encontraban las cuevas de Divoc. Caminó por varias horas hasta que llegó a las famosas cuevas.  Al ingresar se dio cuenta que no veía nada.  Avanzaba y cada vez resultaba más oscuro y húmedo el lugar, cuando de repente se iluminó el centro de la cueva y pronto apareció un pedazo de tela con unas especies de orejas. Flotaba allí, sin más. Arturo intentó tocarla, pero esta no se dejaba, pues no era para usar en las manos. No sabía qué hacer, si salir corriendo o esperar. De pronto, una fuerte ráfaga de viento sopló y cuando menos lo esperaba, sintió el pedazo de tela cubriendo parte de su cara, tapando así su boca y nariz.  Aunque Arturo intentó quitarla, se dio cuenta que las orejas que tenía el pedazo de tela se habrían agarrado fuertemente de sus orejas. Aunque estuvo asustado al inicio, sintió rápidamente una sensación de bienestar y felicidad. 

Arturo corrió de regreso a casa y al llegar, su mama preocupada le recibió sorprendida al verle con esa tela puesta sobre la cara. Sin embargo, cuando se acerco lo suficiente, otra igual apareció y le tapó la cara a su mamá.  En cuestión de segundos, su mamá se había sentido mejor, contenta y feliz.  Mejor aún, en casa empezó a sonar una música que llenó los oídos de felicidad a toda la familia.

Al día siguiente, Arturo y su mamá caminaron por el pueblo llenos de alegría y aunque todos al principio lo veían raro, cada vez que alguien los veía directamente a su cara, un nuevo pedazo de tela aparecía y se ponía en las caras de estas personas. 

Así fue como se dieron cuenta que la única manera para ser felices y que no se enfermaran era usando esta tela, la mascarilla. Una mascarilla mágica.

De: Juan Carlos Cifuentes y Natalia Cifuentes (mi hija de 6 años).

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