Los animales no tienen la culpa

– Érase una vez un murciélago, un mapache japonés y un pangolín que se escondían en lo más profundo del bosque.

Y os preguntaréis: ¿Por qué se escondía el murciélago? Si vive en cuevas profundas, solo sale de noche y cuando lo hace, puede volar zigzagueando como el mejor delantero centro. Además tiene un radar en su cabeza que le ayuda a no chocarse nunca, aunque la noche sea la más oscura que te puedas imaginar.

¿Y el mapache Japonés? Si es fuerte como un karateka, inteligente como tú o como yo y puede escavar grandes madrigueras dónde esconderse.

– ¿Y el pan…golín?

– Ah, no sabes lo que es un pangolín. Un pangolín no es más grande que tú, pero tiene todo el cuerpo lleno de unas escamas que le sirven de protección y es capaz de enrollarse como una pelota como con la que jugáis en el colegio.

– Entonces, si son los Batman, Robin y Hulk del bosque, ¿por qué tienen que esconderse?   

– Porque hay personas, sí créetelo, personitas como tú que creen que se los pueden comer.  

– Pero yo creía que eran tan fuertes para que no pudiesen atraparlos.  

– Es posible, pero a lo mejor son tan fuertes, vuelan tan alto o son tan inteligentes porque saben que no son comestibles y que si alguien les cocina se pondrán enfermos.  

– ¿Así que esos animales no tienen la culpa de lo que ha pasado?

– No, los animales nunca tienen la culpa y nunca la tendrán. La culpa siempre es nuestra. Así que a partir de ahora me gustaría que cuides siempre a los animales tanto, como el murciélago, el mapache y el pangolín lo hacen con nosotros, escondiéndose en el bosque para que no nos pongamos enfermos de nuevo.

De: David Vijil. Dedicado a: Hugo, Roi, Edu, Mateo, Olivia y Lorena.

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