Los unicornios siempre encuentran un arcoiris

En un bello lugar, rodeado de lindos colores, flores, plantas, edificios, autos y muchas cosas más, vivían los unicornios. Los unicornios eran blancos como el algodón, que saben volar más allá de las nubes, ligeros como el viento, con un cuerno de oro brillante como el sol y sobre todo, con una mirada que ve hacia arriba y al frente, más allá de lo evidente. Ellos siempre han sido seres excepcionales, dotados de magia interior y exterior, capaces de llegar a descubrir y disfrutar lo que muchos a simple vista no podemos ver.

En el país de los unicornios vivían todos felices, cada unicornio hacía cosas que le gustaban y entretenían. Muchas veces tenían que ir de un lugar a otro, por lo que a veces, al haber tantos unicornios juntos era difícil movilizarse y tardaban para llegar a los lugares que querían visitar.

Los unicornios de todas las edades eran muy cariñosos y manifestaban su cariño con abrazos, besos, guiños de ojo, etc. Les gustaba estar cerca de sus familiares y amigos, reunirse para compartir comidas y sobre todos sonrisas. Los fines de semana, muchas veces iban a los centros comerciales a comer, comprar, ver películas, o simplemente a caminar y disfrutar de todo lo lindo que había allí.

Los unicornios pequeños y medianos asistían a estudiar en edificios llamados colegios y allí aprendían y compartían con sus maestras, amigos, directores, coordinadores, secretarias, personal de mantenimiento, etc. Y cada unicornio niño y adulto; aportaba al lugar sus habilidades, dones y talentos para hacer ese colegio un lugar muy especial y acogedor.

Algunas veces al salir de allí seguían corriendo toda la tarde para llegar a otros lugares donde aprendían cosas diferentes como cantar, danzar, hablar en otros idiomas, se especializaban en deportes, etc.

Los unicornios adultos iban a sus trabajos, a hacer compras, se reunían entre ellos y llevaban a los unicornios medianos y pequeños a diferentes lugares.

Todo transcurría “normal” en el país de la eterna primavera donde vivían estos unicornios, hasta que un día empezaron a escuchar de algo que sucedía en lugares lejanos. Un personaje con corona cambiaba muchas cosas alrededor del mundo. Era algo diferente, algo nuevo, algo con lo que el mundo jamás se había enfrentado y ponía en peligro especialmente a los unicornios que ya no tenían mucha juventud, pero sí mucha edad y experiencia acumulada, esos cuyo pelaje ya era más suavecito, su mirada escondida tras las gafas y sus movimientos más lentos.

Muchos de ellos no querían saber de eso, otros creían saber demasiado, pero solo había algo en común; nadie quería que ese «encoronado» llegara a su país, a su lugar a su entorno; sin embargo, llegó el día que nadie esperaba y ante el silencio total de todos, se supo la noticia… el «encoronado» había llegado desde otro país.

Al día siguiente los unicornios se enteraron que las cosas iban a cambiar, no sabían si por una o dos semanas, un mes o cuánto tiempo, solo sabían que a partir de ese momento, las cosas serían diferentes.

¿Y qué hace o siente un unicornio acostumbrado a ir de un lugar a otro, repartiendo abrazos y besos, comiendo aquí y allá, saliendo sin parar, cuando se da cuenta que el lugar más seguro siempre ha sido su casa y allí es donde necesita permanecer? Pues…¿qué más?

La verdad, la verdad, cada unicornio en algún momento se sintió pequeño, y ese pequeño unicornio sintió miedo e incertidumbre. Su corazoncito latía muy rápido y no entendía por qué no podría hacer lo que más le gustaba. También sentía enojo y frustración porque no podía hacer las cosas como quería y no tenía control de lo que pasaba. Otros días sentía aburrimiento y pesadez porque la tristeza le visitaba y le hacía ver lo que se perdía. Algunos días sentía paz de saber que no tenía que correr tanto, otros libertad de poder hacer las tareas en pijama, otros agradecimiento por todas las cosas buenas que sí estaban pasando y el unicornio vio que cada día era diferente y estaba bien y era válido sentir y hacer las cosas de manera diferente.

Al principio los unicornios miraban hacia los lados (no buscando a otros unicornios, sino con desconfianza por el «encoronado») y hacia el suelo (pensando en todo lo que faltaba en ese momento, también por culpa del «encoronado») y empezaban a perder la certeza en la grandeza que había dentro de cada uno de ellos y entre ellos como unicornios.

Al estar unidos en familia, vieron que el amor verdadero va más allá de la distancia y se empezaron a comunicar y ver con familiares y amigos cercanos pero lejanos usando pantallas; ya no iban al colegio porque el colegio llegaba a ellos, el trabajo llegaba a muchos papás y otros papás que salían regresaban dispuestos a hacer todo lo necesario para mantenerse y mantener seguros a los pequeños unicornios.

Tuvieron días de lo que algunos llaman adaptación, pero los unicornios decidieron llamarle redescubrimiento. Muchos unicornios aprendieron y siguen aprendiendo a hacer diferentes cosas que antes no sabían, a usar tecnología, cocinar, hornear, crear, armar, meditar, contemplar, y sobretodo a amar y dar amor de diferentes formas. A sonreír con la mirada, a compartir lo que se tiene, a guardar distancia física pero estar unidos de corazón, a compartir esperanza y especialmente a ver más allá de lo evidente que es algo con lo que todos los unicornios nacen, pero habían olvidado en el camino.

Dejaron de ver al suelo y volvieron a ver al cielo. Retomaron sus certezas, recordaron que los límites no existen aunque por el momento tengan que estar en un solo lugar, y cuidarse para permanecer sanos y que el «encoronado» permanezca lejos de ellos y sus amados.

Y es así como los unicornios siempre saben encontrar en las diferentes situaciones, el rojo del amor y la pasión, el naranja de la resiliencia y vitalidad, el amarillo de la alegría y creatividad, el verde de la salud y esperanza, el azul de la fe, inmensidad y paz, el índigo de la fantasía y sueños por cumplir; y el morado de la trascendencia y magia que cada uno llevamos dentro.

Y al reencontrar el arcoíris, se reencoentraron con ellos mismos y retomaron su vida con todo lo que ella implica y sirven de modelo, ejemplo e inspiración para quienes quieren ver más allá de lo evidente, dejando brillar ese cuerno que los hace únicos y diferentes.

De: Luisa Hernández. Dedicado a: Sofi, Ito y JD.

2 Respuestas a “Los unicornios siempre encuentran un arcoiris”

  1. ¡Lindo mensaje!! Así debemos encontrar el arcoíris en cada etapa de nuestra vida y ser felices al lado de los que amamos. ¡Excelente escritora!!! Sigue adelante y llena de arcoíris la vida de más niños.

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