Marie, la destructora de monstruos

Cuando Marie era niña no podía dormir con la luz apagada, por que cada vez que lo intentaba, a los cinco minutos comenzaban a aparecer monstruos acercándose entre las sombras. A veces desde dentro de un armario entreabierto, a veces detrás de un abrigo colgado en una silla, o a veces, incluso, los veía cuando cerraba los ojos.

Pensando una solución a este problema, un día Marie, conversando con sus amigos más grandes descubrió que todos, absolutamente todos los monstruos tenían la misma debilidad: se hacían más débiles cuando los niños no creían en ellos.

Fue así que Marie fue destruyendo todos los monstruos que le iban apareciendo. Logró destruir a la serpiente de dos cabezas que con la luz encendida se transformaba en bufanda, al monstruo invisible de los ruidos, a los famosos Cuco y Viejo de la Bolsa -al que ni su mamá había podido destruir aún- y hasta a los monstruos del armario. Comenzó en su habitación, pero luego siguió en las de sus amigos. Convenciéndolos que los monstruos no existían mágicamente dejaban de aparecer en las casas de cada uno de ellos.

Pero con el tiempo, los monstruos se dieron cuenta que a todos los destruían del mismo modo: cuando no creían en ellos. Así que comenzaron a pensar una estrategia diferente. Fue ahí, en el 2019, que se unieron para crear un monstruo que no asustara por su gran tamaño, sino que fuera tan pequeño que solo se pudiera ver con microscopio y que, por el contrario de los demás, se hiciera más fuerte cuando la gente no creyera en él.

Como todos los monstruos estaban muy débiles porque casi ningún niño creía en ellos, este diminuto monstruito se declaró rey, se puso su corona y se hizo llamar Coronavirus.

Comenzó su ataque hacia los más incrédulos, o sea: los adultos. Porque todo el mundo sabe que los adultos no creen en nada: ni en Santa, ni en el hada de los dientes y lógicamente tampoco en los monstruos. Además, se dió cuenta que cuanto mayores eran estos adultos, más difíciles eran de convencer y por lo tanto, más fáciles de vencer.

En un principio, Marie no le dió importancia al diminuto monstruo. Ella lo veía por la tele y pensaba -Cómo un monstruo tan chiquito va a llegar a mi casa-. Pero el Coronavirus era inteligente, y en lugar de ir caminando como lo hacían todos los demás monstruos, viajó en avión. Se fue acercando, pasando de un país a otro, cruzando montañas y océanos hasta que llegó a la ciudad donde vivía Marie.

A Marie le dio mucho miedo por que no sabía cómo ganarle a este monstruo, si no creía en él se hacía más fuerte, pero creyendo solamente tampoco era suficiente para vencerlo. Entonces Marie hizo lo que siempre hacía cuando no sabía qué hacer: le preguntó a sus papás.

Los papas de Marie leyeron mucho al respecto, se informaron y tuvieron mucho cuidado de no hacerle caso a los videos con información falsa que subían a internet el Cuco y el Viejo de la Bolsa, haciéndose pasar por adultos. Y al final, luego de buscar y buscar, encontraron la forma de vencer al Coronavirus y se la contaron a Marie.

Resulta que como el monstruo es chiquito y no lo vemos, viaja en los cuerpos de otras personas. Se mete por la boca, la nariz o los ojos. Así que usando mascarilla, lavándose las manos y manteniéndose a una distancia en la que el virus no pueda saltar de un cuerpo a otro lo vamos debilitando poco a poco.

Hoy, la destructora de monstruos, todavía está luchando contra el Coronavirus, tomando las precauciones que le enseñaron sus papás y contándoles por videollamada a todos sus amigos cómo vencerlo. No será fácil, pero muy pronto, Marie y todos que la escuchen y crean, lo derrotarán.

De: Santi Dobrich. Dedicado a Maya, Mati, Mila, Alfonso y Covideo.

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