Sonrisa de Ojos

Había una vez, en un lejano país un villano muy villano. Se llamaba Buuuuuhhjan porque le gustaba mucho hacerle «uuuuuuhh» a la gente. Dicen que venía de China, que era hijo de un murciélago y una víbora.

Buuuuuhhjan tenía muchos super poderes y su único objetivo era conquistar al mundo con la tristeza. Para lograrlo, imaginó un plan terrible.

Primero, quería asustarnos a todos usando su arma favorita para luego pasar a la fase más terrible de su estrategia: quitarnos las bocas para que las caras se queden tristes para siempre.

Al poco tiempo, el plan iba perfecto. Casi sin darnos cuenta, la brisa y los aviones llevaban el «uuuuuhh» por todos lados.

En Italia se suspendió la primavera y en España se encerró a la música. Los estadios se quedaron vacíos y entre los edificios de Nueva York solo se escuchaba el temido «uuuuuhh».

La tierra decidió llamar a sus reyes de emergencia. Se juntaron en un lugar secreto para tratar de defenderse. Algunos querían abandonar todo para irse a otros planetas, otros planeaban crear una ley para que la gente no pudiera tocarse más. 

También se propuso cerrar todas las ventanas y puertas e inclusive algunos, pensaron en que quitarles los super poderes de los doctores porque al parecer no funcionaban. Como era previsible ganaron los miedosos y no solo nos obligaron a encerrarnos en nuestras casas, sino que cuando viéramos a otro a la cara, debíamos taparnos la boca para cuidarnos.

Así fue como nos quitaron las bocas a todos. Buuuuuhhjan lo había logrado, ahora seríamos seres incapaces de reírnos.

Los días pasaron, el encierro creció. Buuuuuhhjan sentía que todo iba perfecto, sin embargo se había olvidado de algo.

En un país muy chiquito había un niño que estaba inventando el antídoto más efectivo contra la tristeza. Lo llamaba: “sonrisa de ojos”. Al principio sus padres parecían no entender lo que él decía. 

El niño practicaba frente al espejo, trababa de que sus perros lo entendieran y se enojaba con sus muñecos porque ninguno parecía responderle su esfuerzo.

Pero una noche, de esas pocas en las que salían a la calle con miedo de que alguien los viera todo cambió. Alfonso, sin quitarse lo que le cubría la boca, hizo la más grande e increíble sonrisa de ojos que pudo. 

En su casa por fin entendieron. El contagio fue inmediato, todos comenzamos a ver como nuestros ojos también reían.

Familias, amigos, vecinos, compañeros de estudio, trabajadores y hasta políticos lo hacían nuevamente.

En su castillo, Buuuuuhhjan recibió la noticia cuando ya era tarde, El mundo decidió seguir riendo para mantener viva la esperanza  luchando contra la tristeza con la herramienta más poderosa que tiene.

De: Diego Lanzi. Dedicado a: el niño que nos salvó a todos con su Sonrisa de Ojos. Escrito sin tapabocas en el día 42 de encierro

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